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miércoles, 3 de junio de 2009

Carta del Santo Padre por el primer aniversario de su Pontificado



Carísimos Hermanos.


En el Nombre del Señor Jesucristo enviamos nuestro saludo a todos los hombres en paz y comunión con la Santa Sede Apostólica. Desde el exilio dirigimos nuestra palabra, exultantes en Dios por cumplirse hoy el primer aniversario de nuestra elevación al Sumo Pontificado. Si hoy somos el Papa de la Santa Iglesia no es por nuestro merito, sino por la Gracia de Dios, quien se sirve aún de los más pequeños para luchar y trabajar para la instauración de su Reino.
Sin embargo, no es este un mundo de felicidad, un mundo de gozo. Para nosotros, los cristianos, es decir, los católicos, el Mundo es un Valle de Lágrimas. Estamos aquí en espera de la Vida Eterna. Por consiguiente, hoy llevamos el Pontificado, gozosos, pero como una carga y una prueba que nos colocó Nuestro Señor ¿podemos defraudarle? Para algunos eso es posible… pero acaso ¿no es probado por los Padres y los más grandes teólogos que Nuestro Señor todo lo ve y todo lo ha visto desde antes que todo fuera? En nuestros actos probaremos que predestinó Nuestro Señor para nosotros y guiados por Jesucristo y protegidos por la Santísima e Inmaculada Madre de Dios podremos confirmar en la fe a todos nuestros hermanos.
Hoy la Iglesia está sitiada. La Verdadera Iglesia es ignorada por millares de almas que se condenan a las llamas del infierno. Contra ello están luchando centenares de fieles sacerdotes católicos que marchan gustosos, si es menester al martirio.
Carísimos hijos, bien sabemos nosotros todas las llagas del Cuerpo Místico de Cristo: tenemos pocos sacerdotes, no tenemos templos en muchos lugares del mundo, hay regiones en las que jamás se escuchó el nombre de Nos ni de nuestro Santísimo Predecesor León XIV, hay quienes están ciegos por el modernismo, hay quienes están ciegos por su propia soberbia. Hace pocos días, fue de publico conocimiento para todos vosotros como un grupo de sacerdotes de la Ciudad de Moreno, antigua Sede Apostólica en el exilio, se rebelaron contra Nos. ¿Es menester recordar el dolor con el cual nos dirigimos a ellos más de una ocación? ¿Cuántas veces les pedimos que meditaran, que reflexionaran, que escucharan la voz de aquel que fue designado, no por los hombres, sino por el Espíritu Santo, para regir a la Iglesia Militante? Pero fue inútil, porque ellos endurecieron su corazón y Dios probó a quienes escucharon el aullido de los perros cismáticos. Quienes siguieron a los guías ciegos cayeron al pozo de la perdición y hoy están vagando en alguna “iglesia” pseudo-tradicionalista. No faltará mucho a que ellos mismos, convencidos como dicen estar de que la Sede Apostólica está vacante, elijan a un nuevo Anti-Papa, con lo cual deberemos volver a confirmar la condena de excomunión dada en el momento de las consagraciones episcopales y del “manifiesto”. Sabemos que entre quienes se dicen fieles al rebaño de Cristo algunos se congracian con ellos. No ignoramos sus nombres y estamos atentos a sus movimientos. Sabemos que incluso tienen aliados dentro de la misma Sede Apostólica en Villa María y que esperan cualquier oportunidad para acechar contra Nos y nuestros mas cercanos colaboradores. Pero Cristo está con Nosotros y defenderemos a la Santa Madre Iglesia con nuestras vidas.
Sabemos además que las cosas en América no están bien: las continuas cartas de nuestro venerado predecesor León XIV de poco sirvieron para que quienes tenían la responsabilidad de gobernar la Iglesia en Mexico y América Central lo hicieran. Sabemos el sufrimiento de los hermanos mexicanos, conocemos el dolor de los guatemaltecos y salvadoreños. No ignoramos lo que nos relatara nuestro muy querido hermano visitador en Haití. Declarar que todo esto nos preocupa es no hacer nada. Hay que actuar. Por ello mismo hemos decidido crear la Diócesis del Caribe y la Diócesis de América Central, con sede en Guatemala, separando así América Central de Mexico. También, hemos girado las cartas correspondientes a fin de que el estado de Sede Impedida sea levantado de Mexico y que las comunicaciones entre esta tierra tan querida por la Virgen sea restablecida en pleno derecho con Nuestra Sede Apostólica.
Nuestra visita a América Anglosajona nos permitirá relacionarnos mejor con nuestros hijos en aquellas tierras. Sabemos cuales son sus dolores, conocemos vuestro pesar, porque los sacerdotes de la Santa Iglesia no dejan de comunicarlos. Oraos por ustedes y les pedimos que aguarden en el Señor.
Europa está siendo reorganizada. Nuestra visita Apostólica se realizará en el mes de julio, cuando concluya nuestro viaje por el África. Esperamos poder celebrar la Santa Misa y compartir el Rosario con todos nuestros hijos. Sabemos que allí existen ciertos problemas que sólo podrán ser solucionados con nuestra presencia y sabemos muy bien cuales son nuestros hijos fieles y cuales no, cuales de ellos tienen celo por la Santa Iglesia Católica y a cuales no les molestaría prostituir el sacramento del Orden para fundar nuevas sectas. Hoy más que nunca, carísimos hijos tenemos que esforzarnos para mantenernos unidos en la Fe de Cristo Nuestro Señor.
Esto es lo que hicimos, y esto es lo que haremos: luchar con todas nuestras fuerzas, teniendo a Dios Omnipotente de Nuestro lado y seguros de nuestra vctoria, que no es Nuestra, sino de Aquel que muriendo en la cruz, redimió a quienes llamó para formar parte de su Santa Iglesia.
Con Nuestra bendición Apostólica.

Alexander IX. PP.
22 de mayo del año del Señor MMIX,
Segundo año de Nuestro Pontificado.