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jueves, 1 de enero de 2015

Mensaje de fin de año del Papa Alejandro IX

Queridos hermanos en Cristo,
Otro año se va, el mundo sigue girando, las cosas pasan, pero la Verdadera Iglesia Católica, que es la Iglesia Católica Apostólica Remanente, sigue como siempre, firme y fiel, congregada, como hoy, por este humilde Siervo de los Siervos de Dios.
No fue un año fácil para nosotros. Fue un año de trabajo muy arduo, de grandes luchas, de terribles combates por restaurar todo aquello que el Anticristo profana y destruye, especialmente ahora que ha llegado el Gran Antipapa. Ante el antipapa, el Papa debe permanecer firme y fiel a la verdad pastoreando a la Iglesia Católica Remanente, la única Iglesia Verdadera. Como cada año, sufrimos la prueba de la deserción: cinco sacerdotes y un obispo se han retirado de la Iglesia y sobre ellos ha caído la condena de la excomunión por la gravísima traición que cometieron al violar las leyes que la Iglesia estableció para su gobierno. ¿Cómo pueden los hombres pretender violar los designios de la Santa Madre Iglesia? ¿Cómo pueden creer que Dios manda imposibles, por medio de su Iglesia? ¿Cómo se pueden atrever a insinuar que el Papa puede errar en sus decretos sobre moral o fe? Porque si el Papa errara en moral o fe ya no sería Papa, sino que perdería su cargo como hicieron los Antipapas de la Secta Judeobolchevique del Vaticano II.
Como bien sabéis este año 2014 se aplicaron importantes reformas a nivel de gobierno: se simplificó la curia y sus oficinas, inspirados en el Sínodo Extraordinario de Villa María del año 2013 en el cual, los obispos y prelados venidos de lejanas tierras trajeron a Nos los clamores del rebaño oprimido por el Príncipe de Este Mundo y por todos sus secuases y agentes. Uno de los grandes temas fue el de la unidad de disciplina del clero. Por ello es que se ha procedido a la progresiva disolución de todas las ordenes religiosas con la sóla ecepción de la Orden de Nuestra Señora de la Compasión, a la que han sido incorporados todos aquellos religiosos, sacerdotes y obispos que deseaban vivir según una regla y no como clerigos seculares. La prohibición expresa de admitir nuevos miembros o erigir nuevas congregaciones seguirá para siempre. Ya no son necesarias nuevas ordenes religiosas, sino que, por el contrario, es necesario una mayor y profunda unidad en el gobierno de todo el clero. Por ello, aquellos sacerdotes y religiosos que pidieron a Nos, mantenerse en su estado, fueron enclaustrados y hoy prestan un invalorable servicio a la Santísima Iglesia Católica Apostólica Remanente, rezando por ella.
También quisieramos hacer mención a la unificación de los planes de estudios en los seminarios y la reducción del tiempo de estudio. Los sacerdotes están siendo formados ahora únicamente por sacerdotes en vistas del ministerio sacerdotal, porque la filosofía y la teología pueden esperar, pero lo que no pueden esperar es la celebración de la Santa Misa. Por ello, queridísimos hermanos, esperamos que en los próximos años el número de nuestros sacerdotes aumente a los previos a la muerte de nuestro Venerado y Amadísimo Predecesor de Gloriosa y Feliz Memoria, El Papa León XIV. Aún recordamos como en los primeros tiempos había tantos sacerdotes y obispos tan jóvenes, pero no olvidamos como el Demonio los hizo apostatar y muchos de ellos hoy siguen excomulgados, porque se siguen negando a admitir sus errores y sus pecados contra la Unidad de la Santa Iglesia Católica Apostólica Remanente.
Todas estas reformas y cambios han llevado a que la Iglesia, si bien es más pequeña en número sea más fuerte que antes. Sí, la Iglesia está mucho más fuerte. Sabemos que tenemos al Espíritu Santo y que muy pronto se completará el triunfo de Cristo sobre el mundo y las falsas religiones que adoran a Satanás.
Como cada año, hermanos, los aliento a que continuemos entregándonos a Dios y que, con fe, con fuerza y con esperanza, sigamos adelante, fieles a la Verdadera Iglesia.


Dado en Villa María,
a los 31 días del mes de diciembre del año MMXIV de la Gracia
VI de Nuestro Pontificado