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lunes, 28 de septiembre de 2015

Carta anunciando los preparativos para el Decimo Aniversario de la Restauracion del Papado

Annuntio vobis



Carta del Santo Padre Alejandro IX

A todos los  católicos unidos en amor y verdad
Sobre los preparativos para la celebración del Décimo aniversario
de la Restauración del Pontificado en la Santa Iglesia Católica


Anunciamos a todos ustedes un gran acontecimiento en la Iglesia Católica: la celebración del Décimos Aniversario de la Restauración de la Silla Apostólica, ocurrida aquel glorioso día 24 de marzo del año 2006.

Desde comienzos de año los Cardenales de la Iglesia Católica Apostólica Remanente han trabajado con mucho esmero en los festejos para este décimo aniversario. Pero estos festejos serán también una oportunidad única para que profundicemos los temas que nos afectan a todos nosotros como Iglesia. Hoy tenemos grandes problemas para resolver, porque el mundo no ama la Verdad y por lo tanto, la Verdad es perseguida. Pero seríamos hipócritas si al mismo tiempo no reconocieramos todo lo que hemos avanzado, todo lo que hicimos, unidos en Cristo en pos de la Verdad.

Una cuestión central es la siguiente: ¿es posible medir y cuantificar la profundidad de la fe? ¿podemos, acaso, escrutar los corazones y reconocer quienes están realmente con nosotros y quienes simulan estar a nuestro lado?

Es mucho más fácil medir la amplitud, el alcance amplio de La Iglesia Remanente, sus enseñanzas y nuestros cenáculos. Podemos contar el número de capillas, centros de misas o casas de oración en un país o en el mundo. Podemos contar el número de conferencias o de bautizados, de destinatarios de nuestros boletines y cartas, y podemos usar esta información para pedir nuestro crecimiento.

El año entrante, celebraremos que hace diez años se terminó con la Sede Vacante. La elección de San León XIV Papa fue milagrosa. Así lo dijeron aquellos que participamos de aquel acontecimiento, así lo creyeron los fieles e incluso algunos que luego nos habrían de abandonar para refugiarse en posiciones mucho más cómodas o para "crear" sus propias organizaciones eclesiásticas. Hoy, a pesar de todas las idas y vueltas, a pesar de los cismas, de las traiciones, de todo lo que han publicado y dicho contra nosotros tenemos presencia en casi todo el globo. Si analizamos los datos de estos últimos 10 años, podemos ver que el crecimiento se estancó en algunos lugares, que en otros fue excesivamente rápido y que no faltaron regiones que debieron ser abandonadas por nuestros sacerdotes y misioneros.

Pero ¿Hemos aumentado en profundidad? ¿Tenemos los suficientes sacerdotes? ¿Tenemos las suficientes Misas? ¿tenemos los suficientes instructores de fe católica? No, aún no, pero el Señor nos los entregará. ¡Paciencia hermanos! ¡Sed Pacientes! Recibimos cada día decenas de correos electrónicos pidiendo sacerdotes... pero no los tenemos aún... pero si en algún grupo, si en alguna familia de fieles nace una vocación sacerdotal, es el deber de esa familia, de esa comunidad de fieles unidas en amor y verdad, en amor por la verdad, entregar esos hijos para que sean preparados para el Santo Oficio del Sacerdocio.

Por lo tanto, hoy os repetimos: necesitamos sacerdotes. Y de hecho, esperamos que el año próximo sean ordenados muchos sacerdotes. Si Dios quiere, queridos hermanos, en un plazo de cinco años, con las nuevas reformas a los planes de estudio que han realizado las congregaciones correspondientes habremos triplicado la cantidad de sacerdotes en nuestra Iglesia. Pero estos sacerdotes necesitan ayuda, necesitan vuestra colaboración, vuestro sostenimiento, vuestra asistencia. Aún no tenemos todo lo que deberíamos: nuestras capillas son pobres, nuestros centros de Misa son muy humildes, pero contamos con algo que a los herejes y cismáticos les falta y eso es la Fe.

Queridos hermanos, esperamos de todo corazón que esta carta sea leída por ustedes y que ella de frutos en vuestros corazones. Hemos sido receptores activos de vuestras inquietudes, conocemos lo que falta hacer y confiamos en que Dios dispondrá todo para el seguro triunfo de la Iglesia.

Con mi bendición Apostólica,

ALEJANDRO IX PP