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sábado, 9 de mayo de 2009

Motu Proprio Dominus Ac Redemptor

Motu Proprio Dominus Ac Redemptor



De Su Santidad Alejandro IX

Siervo de los Siervos de Dios

Para perpetua memoria






El Señor y Redentor Nuestro, Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, quien muriera para que muchos fueran salvados, entregó el gobierno de la Iglesia a San Pedro, y en virtud de ello, como señala el Sacrosanto Concilio General del Vaticano, a sus sucesores, que siendo como son Vicarios de Cristo, y no de la Iglesia, a todos juzgan, pero por nadie pueden ser juzgados.
Lamentablemente, han existido desde tiempo inmemorial hombres que en afan de su propia gloria, olvidando los designios de Dios, han querido erigirse ellos mismos como verdadera columna de verdad en la Iglesia, olvidando que la misma es de Dios Todopoderoso, y no de los hombres. Estos hombres han, a lo largo de los siglos provocado herejían en tanto y en cuanto se apartaron publica y expresamente de la recta fe católica, y cismas en tanto y en cuanto se reusaron someterse a la Voluntad del Soberano Pontífice.
Cuando el Sumo Pontífice predecesor nuestro, Su Santidad de Gloriosa Memoria León XIV murió, hubo quienes, llevados por el mal espiritu, quisieron “desviar” la Santa Iglesia de la Sana Doctrina de Nuestro Señor Jesucristo que bien se había conservado en esta Sede que estaba en el exilio y que muy bien custodiara Su Santidad León XIV, aún a riesgo de su vida. Su pronta muerte nos dejó llenos de dolor, y muchos de temor. ¿Cómo podriamos seguir sin el hombre de la providencia? ¿Podriamos acaso tener otro Papa como el? ¿Era un castigo de Dios el llevarse al hombre que se enfrentó contra todos por la reconstrucción de la Iglesia?
Dios nos dio otro Papa, Inocencio XIV, quien desde la Cátedra de Pedro trató de combatir los mismos males que se cernian sobre el enfermo León XIV, y que hoy arrecian sobre esta Sede. Tras su renuncia, libre y voluntaria, por su Decreto, se reunieron todos los Obispos en esta Sede en el Exilio e inspirados por el Epísitu Paráclito la elección cayó en Nos, indigno Siervo de los Siervos de Dios.
Sin embargo, aún cuando esta elección fue realizada según las ordenes dadas por un Papa reinante, para mayor gloria de la Santa Iglesia y Salud del Pueblo Cristiano, de aquel tiempo hasta hoy, movidos por el Maligno que solo desea la perdición de las almas de aquellos a quien Cristo ganó por su Sangre, algunos, verdaderos vindicadores del Demonio rehusaron la divina obediencia, y conspiraron contra el Vicario de Cristo y la Unidad de la Iglesia Cristiana.
Ya en tiempos de nuestro Venerable Predecesor León XIV, algunos sacerdotes de ignominiosa memoria se separaron de la Iglesia fundando sus sectas, tal como el caso del tristemente recordado Padre Sebastián Fernandez, quien junto con otro más se hicieron consagrar obispos por sectarios enemigos de la Apostolicidad y la Comunión de los Santos. Debido a ello, Su Santidad León XIV los excomulgó expresa y formalmente, sellando con sus palabras el decreto que el mismo cielo dio contra los subversivos del Orden Eclesiastico.
Para mayor dolor de la Madre de Dios, en estos días, Monseñor Claudio María de la Compasión, seguido de los Padres Teófilo de la Compasión y Juan Pablo Martiri, alentados por su propio deseo de grandeza, de una grandeza humana, no soportaron la sana decisión nuestra de venir a la Santa Sede de Moreno, no por capricho, sino porqu ebien alertado sabíamos que ellos sentían en su corazón de otra manera, y para preservar la Unidad del Cuerpo Místico que algunos quisieron desgarrar, ordenamos que las propiedades en Moreno fueran liquidadas y todos vinieran a Villa María. En vano lo esperamos, porque ellos, al ver que habiamos advertido su intención de ganarse a los fieles para sí y de esa manera presionar al Sumo Pontífice, reteniendo incluso el Cuerpo de Su Santidad León XIV, se levantaron apresurados y se separaron expresamente de la Comunión de los Santos. Y no falto junto a este cisma por una supuesta falsa elección Papal referida a Nos, sino que además no han dejado de propagar una doctrina nueva, porque siempre el cisma es acompañado, tarde o temprano por la herejía.
En virtud de todo esto, y de que Monseñor Claudio María de la Compasión, junto con los Padres Teófilo de la Compasión y Juan Pablo Martiri perpetraron un publico y manifiesto acto de cisma, ya que públicamente dijeron que rompían la Comunión con esta Santa Sede y con Nuestra Persona, y que además, para mayor escándalo y dolor de la Iglesia el dicho Monseñor Claudio María consagro como obispo para su Secta al Padre Juan Pablo Martiri, desoyendo las advertencias dadas por Nos y los Cardenales, Obispos y demás clérigos que Nos enviáramos para evitar este doloroso acto, declaramos, ordenamos, decretamos y dictaminamos por estas letras que Monseñor Claudio María de la Compasión, y los Padres Teófilo de la Compasión y Juan Pablo Martiri SEAN PENADOS CON LA EXCOMUNION.
Ordenamos y decretamos además que no se consideren validas las ordenaciones o consagraciones que de ellos se deriven, toda vez que no tenemos ninguna certeza moral de sus acciones no de sus desviaciones cismáticas o heréticas.
Decretamos igualmente que toda secta o movimiento que ellos fundaran, asi como cualquier clérigo o laico que a ellos se incorpore reciba la misma pena de excomunión y se considere reo de herejía por separarse del Cuerpo Místico de Cristo.
Todo esto lo ordenamos, decretamos y establecemos, para mayor gloria de Dios y salud del Pueblo Cristiano.



Dado en Villa María, General Rodríguez. Buenos Aires.
Santa Sede Apostólica en el exilio,
A los VIII dias del mes de Mayo. Año MMIX de la Encarnación.
Primero de Nuestro Pontificado.